El aire del interior de los aviones se renueva constantemente y a través de los filtros se impide la propagación de virus y bacterias. El aire que se respira en un avión es equivalente al de un quirófano. Así se desprende de un estudio del fabricante Airbus, que muestra cómo los filtros HEPA-High Efficiency Particulate Arrestors instalados en sus aviones de la familia del A-320 atrapan partículas del tamaño de una bacteria o un virus con una eficacia del 99,99 %.

Modo de funcionamiento.

Cada 2 o 3 minutos, el aire del exterior se mezcla con el aire del interior, ya filtrado. El aire mezclado sale por los conductos situados en el nivel superior e inferior de los compartimentos de equipaje de cabina, garantizando la ventilación de las personas que se mueven a lo largo del pasillo del avión y de los que están sentados.

Foto Esquema de la re circulación en la cabina de pasaje

Por la forma en que se desplaza el aire, no es posible que se propague el virus. El aire es impulsado desde la parte superior del avión hacia el suelo, para ser recogido y pasado una vez más por los filtros, antes de volver a mezclarse o ser eliminado. Este circuito queda en una zona inferior, aislada del resto de asientos y del pasillo, ni hacia adelante y hacia atrás, por lo que no es posible la propagación del virus. Gracias a estos filtros, los virus, gérmenes y demás partículas que se puedan encontrar en el aire son extraídos de la cabina de pasajeros.

También es importante añadir que el aire fresco del exterior, proviene del aire de los motores que ha sido esterilizado al pasar por las altas temperaturas de los compresores, con lo que el virus sería eliminado.

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